Ya dentro de la unidad de ultrasonido, recostada sobre la camita y con Juanito a mi lado, esperamos al especialista que habría de revisar a los fetos. Con amabilidad nos saludó y nos explicó el proceso, un poco gel frío que puso sobre mi piel y comenzamos:
Lo primero que se vieron fueron sus cabecitas y comenzó con G1: posición horizontal en la parte superior de mi abdomen, diámetro de la cabeza, húmero, radio, tibia, fémur, frecuencia cardiaca, peso estimado, longitud fetal. Fue el turno de G2; posición de cabeza, por lo que da de patadas a su gemelo que se encuentra situado arriba de sus piececitos; mismo procedimiento.
Sentimos tranquilidad de saber que los bebés van creciendo bien, flotan encueraditos en su bolsa de líquido amniótico, se estiran porque aun tienen espacio, se llevan los dedos a la boca y son sensibles a la luz; tenemos nuestro momento diario de cercana intimidad cuando al final del día, recostada sobre la cama y con 8 kilos de sueño sobre mis ojos, froto mi piel con crema antiestrías y de inmediato siento movimientos que parecen olas adentro de mi mar que perturba su tranquilidad con las patadas de mis pequeños huéspedes.
La sorpresa del día: una gama que se pinta de rosa.










